La cultura de la cancelación en el sistema educativo

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A dónde lleva la injerencia de padres y madres puritanos en las escuelas: cuando leer teta o culo está prohibido.

A partir de los casos de pedidos de censura y sanciones por textos leídos en clase, docentes y expertos analizan cómo manejar esas situaciones en las aulas.

Por Silvina Friera

La censura ejercida por un puñado de madres y padres puritanos, que cuestionaron la lectura de obras de Hernán Casciari y Dolores Reyes en escuelas secundarias de San Juan y Neuquén, representa un peligro para un sistema educativo que no sabe cómo actuar ante la cultura de la cancelación. “Un alumno de dieciséis años no puede leer culo en un cuento pero puede ver la tele que le muestra un cuerpo en tanga cada veinte segundos”, advierte Reyes sobre la objeción de un grupo de padres de estudiantes de segundo año del colegio privado Pablo VI de Neuquén que calificaron hace unos días como “libro porno” con escenas de sexo explícito a Cometierra, la novela de la escritora.

Oscurantismo en las aulas

“Un relato de una primera relación sexo-afectiva no es pornografía y en todo caso, son los pibes lo suficientemente aptos y lúcidos para emitir sus propios juicios acerca de lo que leen”, aclara Reyes en un texto publicado días atrás. “¿Es necesario explicar que muchísimos alumnos de 16, 17 o 18 años, ya tuvieron relaciones sexuales cuando cursan los últimos años de secundaria? ¿Por qué es algo que la literatura no puede contar o peor aún, por qué no es su lengua la que puede dar cuenta de esa experiencia en distintas ficciones?”, se pregunta la escritora. 

¿Y la Educación Sexual Integral?

“Hay una grave falla institucional al permitir que se genere una persecución a un docente, como también darle tanta entidad a la queja de algunos padres pseudopuritanos que niegan el contexto sociocultural en el que se encuentran los jóvenes hoy –evalúa Esquibel–. El docente como profesional utiliza distintos recursos y estrategias para motivar a sus alumnos y acercarlos al aprendizaje significativo. Nuestro rol como educador es brindarles un abanico de opciones para que en su madurez lectora escojan los textos que son de su agrado, y también descubran nuevos horizontes que pueden agradar o no a los padres”.

Al actor y profesor de teatro sanjuanino le parece “muy perjudicial para el proceso de enseñanza-aprendizaje que los padres sean los censores de los contenidos a desarrollar y no el docente que se preparó para tal fin, más aún en un período donde es innegable la falta de lectura y comprensión de textos en nuestros jóvenes”. 

Esquibel agrega que lo que le pasó a él y a otros docentes despierta una nueva discusión que viene escondiéndose “bajo la alfombra” desde hace años: la educación sexual integral (ESI). “Desde el año 2006 se supone que estamos trabajando en cada institución del país estos contenidos, y no es más que una gran mentira ya que, si existe esta persecución por un texto de un autor (Casciari, Reyes), es inimaginable lo que sucedería si hablásemos de sexualidad dentro de las aulas”.

Desde el punto de vista de Cañón, las autoridades informadas pueden generar el diálogo con sus docentes y las familias. “Es posible que la escuela sea refugio en donde se pueda ‘tejer una trama de significaciones que atempera’, como dijera Perla Zelmanovich, como nos enseñan Carina Kaplan o Carlos Skliar –propone la especialista-. Una escuela que pueda fortalecerse en sus decisiones políticas y didácticas, sin miedo y con argumentos, porque esos argumentos existen en los contenidos a enseñar, y en el caso de la literatura siempre van a discutir con la libertad de un discurso del arte”.

Esquibel manifiesta su empatía hacia todos los docentes que hayan atravesado quejas de madres y padres puritanos. “Que las adversidades no nos desmotiven a seguir enseñando un mundo de pluralidades. Los docentes estábamos solos. ¡Es hora de generar un cambio!, concluye el actor y profesor sanjuanino.

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